Libertad de empresa
Iniciar una empresa no es un privilegio de las personas; es una
libertad fundamental que cada hombre y cada mujer tiene el
derecho de ejercer.
La libertad de emprender es la fuente de las riquezas
individuales y colectivas. Permite la aparición de una
multiplicidad de respuestas a la infinita diversidad de las
necesidades presentes en la sociedad. Garantiza su utilidad
social y sus medios de subsistencia a todas las mujeres y a
todos los hombres de proporcionar un empleo.
Ninguna acción de redistribución o de asignación de riquezas,
sentada sobre la contribución pública, no puede duraderamente
prosperar sin que empresas no hayan podido previamente crear las
riquezas correspondientes.
Si la libertad de emprender es limitada, deber organizarse o
realizarse en cumplimiento de normas estrictamente necesarias
decretadas por la ley, éstas no deben ser un obstáculo para toda
la organización de la sociedad, al plan de su educación, sus
instituciones, su economía, su derecho y su fiscalidad, sea
enteramente orientada hacia el objetivo de fomentar la aparición,
la multiplicación y el desarrollo de las empresas.
Este objetivo no puede proseguirse favoreciendo el espíritu de
empresa, de conquista y de iniciativa, la creatividad, la
audacia, la voluntad, el trabajo, la formación, el sentido de
las responsabilidades y de la toma de riesgo, en vista de
despertar el apetito del mayor número, sin distinción de origen
o de fortuna, a querer hacer prosperar los potenciales de la
libertad inalineable de emprender, a disposición de cada hombre
y cada mujer en la sociedad.
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